"Espacio para el debate, la reflexión y el aprendizaje de las competencias claves en Educación Primaria y Educación Secundaria". José Manuel Maestre. Premio Nacional Promoción Educativa 2015.

En mi paso como maestro en el exterior (Londres) he tenido la oportunidad de matricular a mis hijos en un colegio público inglés. Y digo oportunidad, porque puedo ver de cerca cómo los maestros evalúan a sus alumnos. Si nos introducimos en la página web de esta escuela inglesa, podemos encontrar como se nos informa sobre la evaluación. Analizando este apartado, aparece la evaluación como “assessment”. Esto es, no como evaluación (emitir un juicio de valor sobre una nota teniendo en cuenta todo el proceso de aprendizaje) sino como “valoración” o “calificación”.

En relación al “assessment”, otros compañeros de profesión ya nos lo indican, y nos advierten de esta forma: “España necesita crear nuevos protocolos de enseñanza que permitan mejorar la enseñanza del maestro”. (Obtenido de www.fundowheel.es).

Con ello, parece necesario un nuevo giro en la forma cómo los maestros enseñamos (léase la anterior entrada “Metodología activas”) y sobre todo como reflejamos y mostramos esa evaluación. En esta entrada comentaré como mostrar nuestra evaluación por objetivos y (sobre todo) mostrar los resultados por objetivos. Estoy seguro, que este tipo de evaluación, mejoraría la calidad de la enseñanza y el aspecto emocional de nuestros alumnos.

Comencemos, pues:

Desde mi punto de vista, si evaluamos con un número (sistema educativo español), la información que damos se queda coja. Esto es, si un padre o madre recibe la nota que su hijo ha sacado un 6, ¿esto, qué quiere decir? Donde realmente está fallando su hijo. ¿Qué es lo que tiene que mejorar? En definitiva, ¿cómo interpreto un número?

Por su parte, el sistema británico evalúa y muestra la evaluación por objetivos de forma anual. En nuestro sistema español debemos dar continúa información sobre la evaluación de nuestros alumnos a familias y administraciones… trimestralmente. No digo que esto esté mal, pues toda la información que podamos manejar siempre será útil. Lo que intento decir es el tema del número. De la nota que califica a nuestros alumnos.

Referiré este hecho de forma más concreta:

En los últimos años (antes de diciembre de 2015) la calificación de los alumnos matriculados en un colegio inglés de primaria se regía por un número y una letra: Por ejemplo, en Year 2 (7 años) un alumno podría tener la calificación 2A, 2B, 2C, 2D. Es decir, se le otorgaba un nivel numérico acompañado por la letra de rendimiento (la letra A equivale a Sobresaliente). Este sistema, de una u otra forma, se parecía a nosotros, pues realmente calificaban al alumno en referencia a un nivel (nota – calificación).

En la actualidad (enero 2016) el “National Curriculum”, retira la calificación anteriormente mencionada y pone tres únicos indicativos de información sobre la evaluación. Esta información es entregada mediante un boletín anual a los padres y se le indica lo siguiente:

Su hijo se encuentra:

-“working towards” (por debajo del rendimiento de la clase pero en sentido positivo: hacia…)

-“working at”. (en el mismo nivel que la clase)

-“working beyond” (por encima del nivel de la clase).

Veamos un ejemplo. Dentro del área de Lenguaje encontramos los conteidos de Lectura y escritura.

El maestro inglés (atendiendo al National Curriculum) evaluará dentro de lectura los diferentes objetivos que se ha propuesto que sus alumnos alcancen (lo que para nosotros ahora son los estándares de aprendizaje) y los graduará en esta escala.

Si nos fijamos, esto es realmente lo que hacemos nosotros (sistema español) con los estándares de aprendizaje. Es decir graduamos a nuestro alumno según un objetivo (rúbrica). Pero luego, además, nosotros, le indicamos una nota. El sistema inglés, en este caso se detiene ahí. Evalúa al alumno por un objetivo, lo sitúa referente a la clase e indica a padres y a inspección el grado alcanzado. Pero no le pone un número.

En España. La LOE-LOMCE quiere dar un paso más, como he indicado. Evaluamos por objetivos (o estándares de aprendizaje, que no lo olvidemos es lo mismo), lo graduamos y “sumamos” todos los objetivos para tener un criterio de evaluación (medias o porcentajes). Finalmente todo se une con un nuevo ítem de evaluación: INSUFICIENTE, SUFICIENTE, BIEN, NOTABLE, SOBRESALIENTE.

Este año, como tutor de un grupo de 5º, puedo ver fácilmente como los padres se interesan (casi exclusivamente) en la nota. Como los alumnos me dicen que sus padres les van a regañar si sacan menos de un 6 (y así me lo dicen algún padres que no quieren que sus hijos saquen menos que “cierta nota”).

En resumen. ¿Es correcto evaluar por objetivos? Desde mi punto de vista sí. ¿Es suficiente? Desde mi punto de vista sí (al menos en Infantil y Primaria) ¿Cuál es el problema, entonces? Desde mi punto de vista es que luego en Secundaria o con los exámenes externos o en la universidad se pide una nota (un número), el cual, además aparece en las estadísticas (y es fácil de analizar y catalogar al alumno y a los centros, cosa que con los objetivos sería más complicado).

Así pues, mi idea sería trabajar por objetivos, evaluar los objetivos y dar información por objetivos (o estándares de aprendizaje). Progresivamente se debería ir introduciendo el número. Pero, lógicamente, todo esto tendría que ser llevado con una nueva estructura legislativa la cual no estamos aún preparados.

Mi opinión es evaluar por objetivos, tal como está haciendo el sistema británico. Creo que así, los alumnos estarían más relajados y el concepto de “competencia clave” sería más fácil alcanzar. Igualmente, ¿hasta que punto un niño menor de 7 años entiende el número? ¿No es más fácil por él informarle de su rendimiento según el objetivo? Creo que así, el alumno tendría un mejor conocimiento de sus posibilidades y de lo que puede mejorar (sus fortalezas y sus debilidades).  Tal cual hace infantil. Tener un programa informático que nos ayude en esta tarea no creo que sea difícil.

En este sentido, diseñé Goliat 2.0 para ofrecer una nota numérica y una nota cualitativa. Goliat es flexible y estoy seguro, que si finalmente los objetivos diseñados para el año 2020 nos hacen ir en esta idea (evaluar por objetivos y reflejar los resultados por objetivos), Goliat 2.0 estará preparado.

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En la próxima entrada hablaré sobre la reforma y el consiguiente nuevo sistema educativo finlandés y su evaluación a los alumnos.

 

 

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