"Espacio para el debate, la reflexión y el aprendizaje de las competencias claves en Educación Primaria y Educación Secundaria". José Manuel Maestre. Premio Nacional Promoción Educativa 2015.

Si echamos un vistazo a cualquier currículo de Educación Primaria o Secundaria es fácil percatarse que no todas las áreas disponen de los mismos estándares de aprendizaje evaluables relacionados con la actitud. Dentro del ámbito actitudinal cada uno de nosotros puede entender ésta de distintas formas.

Así, la actitud puede ser evaluada en los siguientes ámbitos:

-Entrega de trabajo.

-Presentación de trabajos.

-Asistencia.

-Puntualidad.

-Comportamiento.

-Esfuerzo.

-Interés o motivación.

-Perseverancia.

-etc (y seguramente otros aspectos que a cada uno de nosotros se nos puede ocurrir o conocer dentro de nuestra experiencia docente).

Sea el ámbito o categoría expuesto, la actitud es un aspecto importante pero que varía en forma y modo.

En forma porque la actitud puede ser entendido en distintas categorías y en modo porque la actitud no se suele evaluar igual en los niveles de Primaria a los niveles de Secundaria. Esto es, posiblemente si trabajamos por criterios de calificación donde los porcentajes son los ejes de referencia, entendemos que en Secundaria se de más importancia al contenido académico que a la propia actitud. Efecto inverso se puede dar en Primaria y más cuanto más inferior sea los cursos que tratemos.

En Primaria, por lo general, podemos encontrar un porcentaje cercano al 30 ó 40% de la calificación total. En Secundaria, por el contrario, el porcentaje no es elevado siendo en muchos casos inferior al 20%.

Claro está que estos datos son generales y que cada centro escolar podemos encontrar diferentes procedimientos calificatorios de la actitud.

No obstante, este escrito es solo la Introducción de lo que me gustaría profundizar. Es decir, sea cual sea nuestro criterio de calificación (desde 0% hasta 100%), lo que si tenemos que tener en cuenta es que la actitud debería estar reflejada dentro de los estándares de aprendizaje evaluables que perfilemos en nuestra programación.

Y es aquí donde me quería detener:

¿podemos evaluar diferentes categoría de nuestra actitud si en el currículo que voy a trabajar no aparecen esos estándares’

Es decir, puedo evaluar la presentación de los cuadernos, la entrega de ejercicios si en el currículo no aparece ningún estándar al respecto.

Pues bien, la respuesta primera es que NO. Esto es, no puedo evaluar algo que no aparece en el currículo… pero claro, como se suele decir: “hecha la ley… hecha la trampa”.

No es con esto que vayamos a hacer ninguna trampa. Lo único es que vamos a tener que echar un vistazo al artículo de la LOMCE sobre autonomía de centro, donde se permite por parte del claustro la concreción del currículo y su adaptación al contexto del centro. Itinerarios formativos, optativas de diseño propio, ampliación de horario, etc. (artículo 129).

Sin embargo, también tenemos que tener cuidado con esta autonomía tal como podeemos leer aquí .

Sea cual sea la opinión, lo importante es que como maestro puedo adaptar el currículo y es aquí donde entra el concepto marcado por el sistema educativo en Cataluña de Indicador de logro. En este sentido, el indicador de logro es una concreción del estándar de aprendizaje. Y es así donde podemos y debemos ser sistemáticos y concretar los estándares de aprendizaje del currículo en el apartado “actitudinal”.

Por tanto, la actitud como tal no debería ser evaluada. Para eso debemos jugar con mano izquierda. Es decir, en un enfoque competencial debemos evaluar por instrumentos.

Así pues, metamos la actitud en un instrumento. Uno sencillo como es la rúbrica o la lista de control. Ahí podemos establecer los diferentes estándares de aprendizaje evaluables. Y si en mi currículo (por ejemplo en Matemáticas), no hay suficientes estándares que reflejen la importancia de la actitud pues tenemos que concretar el estándar o incluso dividirlo, para categorizarlo en una rúbrica.

Con este procedimiento podemos abarcar todos los aspectos que teníamos en un enfoque tradicional donde evaluábamos compartimentos estancos como:

Comportamiento, Unidad 7, speaking, listening, lectura….

En resumen, en un enfoque competencial evaluamos a través de instrumentos. La actitud puede ser evaluada al concretar el estándar, dividirlo y categorizarlo en un rúbrica.

Así, en caso de dificultad con un alumno, podemos informar con sistematicidad, rigor y profesionalidad este aspecto que tanto puede influir en la calificación de un alumno, máxime cuanto más en cursos inferiores estemos.

 

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